La montaña soñó con ser mar de olas gigantes e inclinó sus paredes y las rocas, para ayudarla a mantenerse en pie, adoptaron la forma de bosque de palmeras y surgieron caminos como grutas sostenidos por árboles de piedra y las setas se subieron a los tejados curvilíneos que brillaban al sol y la salamandra de lomo ondulado se adornó con los colores del mosaico y la serpiente zigzagueó alrededor de la plaza para quedar convertida en multicolor banco de cerámica. Y entonces nació un jardín al lado de una sala de blancas columnas estriadas que esconden en secreto el agua de la lluvia.
Y esto lo hizo Gaudí, el hacedor de sueños, dando vida al Park Güell.